01
Presencia
Descripción física
Yunque es un hombre muy alto y de constitución extraordinariamente corpulenta. Tiene los hombros enormes, el cuello grueso y un torso ancho que hace que las prendas parezcan tensarse sobre su cuerpo. Sus brazos son largos y poderosos, con antebrazos cubiertos de cicatrices, venas marcadas y músculos desarrollados por años de combate y trabajo físico.
Su rostro es ancho y severo, con mandíbula cuadrada, pómulos sólidos y una nariz gruesa que parece haber sido rota más de una vez. Tiene la piel oscura y curtida, marcada por pequeñas cicatrices y líneas profundas alrededor de los ojos. Sus ojos son marrón muy oscuro, pequeños en comparación con la amplitud de sus facciones y casi siempre entornados con una expresión vigilante.
Lleva el cabello negro cortado casi al ras y una sombra de barba áspera sobre la mandíbula. Viste prendas negras, gruesas y resistentes, protegidas por una capa pesada con capucha y refuerzos discretos de cuero. Su ropa carece de adornos y está pensada para soportar golpes, tirones y malas condiciones.
Sus manos son enormes, con dedos gruesos, nudillos deformados y palmas endurecidas. Incluso cuando permanece inmóvil transmite una sensación de peso difícil de desplazar, como si su cuerpo estuviera construido para detener aquello que avanza.
02
Carácter
Personalidad
Yunque es callado, paciente y extremadamente disciplinado. No busca protagonismo ni necesita demostrar su fuerza. Prefiere esperar, observar y colocarse exactamente donde resulta más útil. Cuando recibe una orden, la cumple sin discusiones innecesarias, aunque no actúa como un hombre carente de criterio.
Posee un fuerte instinto protector y suele medir el peligro según a quién puede alcanzar antes que según lo que pueda ocurrirle a él. Su manera de cuidar consiste en ocupar una puerta, resistir un golpe o quedarse atrás mientras los demás se retiran. No es especialmente expresivo, pero su lealtad queda clara en esas decisiones.
En combate es firme y contenido. Utiliza su fuerza para bloquear, sujetar y derribar, evitando movimientos innecesarios. Su mayor virtud es la capacidad de mantenerse en pie cuando otros ya habrían cedido. Su principal defecto es que confía demasiado en su resistencia y puede continuar soportando daño mucho después de haber alcanzado un límite peligroso.
