01
Presencia
Descripción física
Torleif es un hombre cercano a los sesenta años, alto y de constitución robusta. Tiene los hombros anchos, el torso fuerte y unos brazos endurecidos por décadas de trabajo con redes, cabos y cargamentos. La edad ha restado velocidad a sus movimientos, pero no la solidez de un cuerpo acostumbrado a enfrentarse al frío y al peso del mar.
Su rostro es ancho y anguloso, con pómulos marcados, mandíbula firme y numerosas arrugas alrededor de los ojos y la frente. Tiene la piel clara, áspera y enrojecida por el viento del fiordo. Sus ojos son gris azulados, pequeños y penetrantes, y suele mirar con una expresión severa, como si evaluara cualquier situación antes de pronunciarse.
Lleva el cabello gris, corto y desigual, y una barba del mismo color que le cubre la mandíbula sin llegar a ser espesa. Viste una camisa oscura de lana gruesa, pantalones resistentes y varias capas gastadas para protegerse de la humedad. Un chal o paño deshilachado descansa sobre uno de sus hombros. Sus manos son grandes, nudosas y deformadas por el trabajo, con cicatrices, grietas y dedos que ya no terminan de cerrarse con facilidad.
Suele llevar consigo un gancho de hierro utilizado para arrastrar redes, cajas o piezas pesadas.
02
Carácter
Personalidad
Torleif es duro, obstinado y profundamente leal a Rimvik. Está acostumbrado a soportar el dolor sin detener el trabajo y considera que quejarse rara vez cambia lo que debe hacerse. Esa resistencia lo convierte en alguien fiable durante las crisis, pero también en un hombre poco dispuesto a reconocer cuándo necesita ayuda.
Tiene un carácter seco y directo. No habla más de lo necesario y desconfía de las instituciones o autoridades que llegan desde fuera prometiendo imponer orden. Para él, la lealtad se demuestra permaneciendo junto a los propios cuando llega el peligro.
No es un hombre cruel, aunque puede parecer áspero. Su forma de cuidar consiste en cargar peso, proteger una entrada o continuar trabajando mientras otros se recuperan. Su mayor virtud es su resistencia; su principal defecto, una terquedad que lo lleva a seguir en pie incluso cuando sus heridas exigen que se detenga.
